¿Por qué componemos malos solos de guitarra?
Un análisis personal sobre los errores de estructura y criterio que encontré al componer mis solos.
¿Te pasa que grabas o compones un solo y sientes que no suena bien? Aquí te comparto mi experiencia personal con algunos errores que detecté al analizar mi propio toque.
A veces perdemos la objetividad y creemos que nuestra ejecución está bien cuando no es así. Por eso, en mi caso, suelo pedir feedback a músicos con más nivel para conocer su opinión y detectar fallas que yo mismo ya no noto.
1. Desafinación
Es el error más destructivo. Un solo desafinado es como un arroz chaufa con un pedazo de uña; no importa qué tan bueno sea el resto, ese detalle arruina toda la experiencia.
Bends
Si te quedas corto o te pasas de la nota, la tensión suena mal. También cuido el punto cero: a veces soltamos el bend y la cuerda no regresa a su lugar original, dejando la siguiente nota ligeramente fuera de tono.
Vibrato
Antes vibraba por pura inercia y terminaba sonando nervioso. Ahora intento que la cuerda oscile con el pulso de la canción. Un vibrato controlado y rítmico marca la diferencia.
2. El pulso y la técnica
Muchos creen que tocan fuera de tiempo por falta de ritmo, pero usualmente es falta de técnica. Si una frase te cuesta trabajo físicamente, tus manos se van a tropezar y vas a arrastrar o corretear el tiempo. Hay que practicar con metrónomo a velocidades lentas hasta que el movimiento sea natural.
3. Falta de criterio
Me pasaba que solo repetía licks de memoria sin un sentido real. Un buen solo debe resolver. Trato de no quedarme encerrado en la misma caja de siempre y busco trasladar mis ideas a otras posiciones del mástil.
Aquí no es que una opción sea mejor que la otra, pero al trasladar el primer lick a la segunda posición la idea se siente más fresca y deja de ser tan predecible, ¿no te parece?
4. Cadencia rota
Esto ocurre cuando no aterrizas en los tiempos fuertes o terminas en una nota que choca con el acorde de fondo. El resultado es una frase que suena mal cerrada, como un discurso que se queda a medias.
5. No dejar respirar
Tocar ráfagas de notas sin parar es monótono. El silencio es una herramienta musical poderosa; da respiro al oyente y hace que la frase que viene después tenga mucho más impacto.
6. Abuso de la tónica
Caer siempre en la tónica hace que todo suene muy obvio. En un Dm7, por ejemplo, intento buscar el Fa (su tercera) o usar colores del Am (Frigio) para darle un matiz más oscuro.
7. Linealidad (Lenguaje Musical)
Tocar la escala de arriba abajo suena a ejercicio de calentamiento. Uso intervalos amplios para romper esa estructura. Esto es el lenguaje musical: dejar de recitar el abecedario (1-2-3-4) y empezar a formar frases (1-3-2-4-6-5-7).
Lo mismo pasa con los arpegios; tocarlos de forma lineal, tal como nos enseñan en los libros, suena muy básico. Agregar otras tensiones fuera de las notas del acorde le da un sabor mucho más interesante y menos académico a la melodía.
8. Storytelling
Un buen solo debe sentirse como una unidad de inicio a fin. Si lo que escuchas son solo ideas buenas pero pegadas por bloques, algo anda mal. La clave es que cada frase sea la consecuencia de la anterior para que el oyente no pierda el hilo de la historia.
¿Esto aplica para improvisar?
Claro que sí, pero improvisar es resolver in situ. Tener estos puntos claros ayuda a mejorar la expresión, pero a la hora de improvisar necesitas otra rutina de práctica sobre backing tracks, porque al final la improvisación no es crear de la nada, sino reutilizar lo que ya sabemos en el momento preciso.
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